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viernes, 28 de agosto de 2026

Excursión X577: Vía Verde de la Cantera y Cabo Huertas con luna llena

FICHA TÉCNICA

Inicio: Alicante
Final: Playa de San Juan
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 12 Km
Desnivel [+]: 31 m
Desnivel [--]: 57 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 5
Participantes: 9

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta


















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta












TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Habíamos quedado en la Porta del Mar, junto a la playa del Postiguet, con un objetivo especial: recorrer la costa alicantina siguiendo la Vía Verde de la Cantera y el litoral del Cabo de las Huertas, y terminar la jornada contemplando la salida de la luna llena de agosto, la llamada Luna del Esturión.

La tarde prometía una combinación difícil de mejorar: mar, puesta de sol, historia, antiguas vías ferroviarias reconvertidas en paseos para senderistas, pequeñas calas, acantilados y, como broche final de la jornada, la aparición de la luna sobre el infinito mar Mediterráneo.

Con algunas caras nuevas, que siempre son bienvenidas, comenzamos a caminar por el paseo marítimo desde el Postiguet, dejando atrás la playa del Cocó, el club Puntapiedra y la playa de la Sangueta. El mar nos acompañaba a nuestra derecha mientras, casi sin darnos cuenta, alcanzábamos el mirador del Príncipe, desde donde disfrutamos de unas magníficas panorámicas de la costa y donde nos hicimos la foto de grupo.

Poco después llegaba uno de los primeros atractivos de la jornada: la Vía Verde de la Cantera, inaugurada el 14 de junio de 2024.

El sencillo recorrido, de apenas 1,2 kilómetros, une El Postiguet con La Albufereta aprovechando el antiguo trazado del «Trenet de La Marina».

La antigua infraestructura ferroviaria ha encontrado así una nueva vida como camino peatonal.

El tramo quedó en desuso tras el cierre de la línea 1 del Tram entre Sangueta e Isleta, cuando en 2018 entró en servicio la variante ferroviaria del túnel de la Serra Grossa.

Nada más comenzar, un mural recuerda la salida de uno de aquellos trenes y otro panel permite seguir sobre el terreno el antiguo recorrido ferroviario entre Alicante y Denia.

Naturalmente, no podía faltar la correspondiente fotografía bajo el tren. Después llegaron los túneles.

Atravesamos el del Promontorio, el del Mirador de Alazán, el del Rocafel y, finalmente, el falso túnel de la Finca Adoc, el más largo de todos, con sus 320 metros.

Este último ha sido acondicionado con ventanas y originales salidas que funcionan como auténticos miradores sobre el Mediterráneo.

Toda la actuación de esta obra supuso una inversión de 1,9 millones de euros, financiada por la Generalitat Valenciana.

También por fondos europeos Next Generation EU, dentro del llamado Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.

Al abandonar definitivamente los túneles apareció ante nosotros la playa de la Albufereta. 

El lugar que hoy vemos como una tranquila playa esconde una historia mucho más antigua: aquí existió un puerto romano y, antes incluso, un asentamiento íbero.

Tras un breve descanso, continuamos hacia el sureste, en dirección al Club Náutico Alicante Costa Blanca. Una fotogénica pasarela de madera bordea la punta de la cala y nos regaló nuevas panorámicas de la bahía, con la Sierra Grossa, comenzando a ser devorada por el sol, como telón de fondo .

La historia volvía a aparecer a cada paso ante nosotros.

En esta zona se encuentran vestigios romanos relacionados con una factoría de salazones y con el antiguo puerto de la ciudad ibero-romana de Lucentum, muy cerca del yacimiento del Tossal de Manises.

El conocimiento de este lugar se remonta al siglo IV o V antes de Cristo, cuando el asentamiento, conocido entonces como Akra-Leuka, estaba habitado por íberos contestanos, pueblo íbero que habitó principalmente la zona de la actual Alicante y parte de Valencia y Murcia, que mantenían contactos comerciales y culturales con griegos y fenicios. La ciudad sufrió la destrucción durante la Segunda Guerra Púnica y, posteriormente, los romanos la incorporaron a sus dominios y la denominaron Lucentum.

Ellos construyeron buena parte de la ciudad cuyos restos podemos contemplar hoy en el Tossal de Manises, donde se conserva una superficie urbana de unos 25.000 metros cuadrados. Sin embargo, hacia el siglo III d. C. comenzó su decadencia y terminó siendo abandonada, entre otras razones por el auge de la cercana Ilici, la actual Elche, mejor comunicada por tierra y mar.

Continuamos hacia la playa de la Almadraba. Su nombre proviene del árabe andalusí al-maḍraba, cuyo significado literal es "lugar donde se golpea o lucha". Hace referencia a una técnica de pesca artesanal y milenaria utilizada para la captura del atún rojo aprovechando sus rutas migratorias. El parque recientemente renovado presentaba un aspecto cuidado, aunque bajo nuestros pies se escondía una curiosidad menos visible: un río subterráneo de agua dulce desemboca en el mar y provoca ese particular aspecto enfangado de la playa.

Recorrimos tranquilamente la orilla de sus arenas oscuras y aguas transparentes, atravesada por el espigón de Gargoris. Al superarlo, la costa cambió de orientación y comenzó una sucesión de pequeñas calas y rincones donde el Mediterráneo parecía haberse empeñado en esconder sus mejores paisajes.

Llegamos así a la Cala del Amor, un pequeño rincón entre rocas salientes que, quizá por su intimidad, se ha convertido en lugar habitual de parejas.

Una escalera desciende directamente al agua y hace que el lugar parezca una enorme piscina natural.

Un poco más adelante encontramos la Cala de los Judíos, también conocida como La Calita, donde se han localizado fósiles de moluscos. Se llama así por la presencia histórica de la comunidad judía en la zona durante la Edad Media, un espacio apartado donde tradicionalmente se les permitía o asociaba el tránsito o el baño/actividades alejadas del núcleo amurallado cristiano.

Después, una estrecha senda entre vegetación nos condujo hasta La Caleta, una pequeña y preciosa playa en la que roca y arena comparten protagonismo.

Otra escalera situada en uno de los extremos rocosos invitaba directamente al baño y disfrutar por unos instantes de la sensación de tener una inmensa piscina mediterránea prácticamente a nuestra disposición, pero el tiempo apremiaba y lo dejamos para mejor ocasión.

Bordeamos el espigón oriental de la cala y continuamos caminando por los voladizos rocosos, en busca de la Cala de las Nereidas. El nombre, como tantos otros rincones de esta costa, tiene su historia. Las nereidas eran personajes de la mitología griega capaces de calmar las olas y las ráfagas de viento. Y aunque aquí la tranquilidad del mar no tenga un origen mitológico, el paisaje parece empeñado en justificar el nombre. Son la propia configuración de la costa, sus salientes y las lenguas de tierra que se adentran en el mar las que proporcionan a esta zona una especial calma.

Después, alcanzamos la Cala Cantalar, cuyo nombre procede del cerro cercano, utilizado antiguamente como cantera para extraer bloques de roca.

Pequeña, formada por arena y rocas planas, la cala ofrecía unas magníficas vistas de Alicante, con cielos teñidos de rojo, naranja y el dorado del poniente.

Seguimos avanzando junto al mar, descubriendo una costa de carácter cada vez más salvaje, donde las rocas doradas, modeladas por el tiempo y el viento, se hundían en el Mediterráneo formando caprichosas esculturas naturales sobre las cuales anidan y conviven los corvaranes, como pudimos comprobar.

No tardamos en reparar en la escasa pero presente vegetación. 

Toda esta zona forma parte de una microrreserva de la siempreviva alicantina, una planta autóctona que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta. Entre las rocas también llamaban poderosamente la atención las algas de un verde intenso que tapizaban algunas zonas junto al agua.

La siguiente parada fue la Cala de la Palmera, cubierta por una fina capa de arena que la convierte en un lugar especialmente atractivo para el baño. Su fácil acceso desde la carretera explica también su popularidad. A partir de aquí nos dirigimos definitivamente hacia el Cabo de las Huertas. Atravesamos una antigua cantera y una plataforma costera donde el viento y la erosión han ido modelando las dunas fosilizadas, creando rincones de gran belleza.

Fue entonces cuando apareció Humberto y Rosa, que nos estaban esperando en un promontorio para incorporarse al grupo y acompañarnos durante el resto de la ruta.

Poco después alcanzamos el faro del Cabo de las Huertas. La torre, cilíndrica y blanca, se eleva 38 metros sobre el terreno y su linterna, también cilíndrica y protegida por un cierre esférico de 1,75 metros de diámetro, proyecta su luz a más de 14 millas náuticas.

El cabo marca la separación entre la playa de San Juan y la bahía de Alicante, delimitada al sur por el cabo de Santa Pola. Su nombre actual recuerda la antigua huerta alicantina, que pudo extenderse gracias al agua del río Monnegre y al sistema de acequias desarrollado tras la construcción del embalse de Tibi a finales del siglo XVI.

Pero mucho antes de llamarse Cabo de las Huertas, este lugar era conocido como l’Alcodre, procedente del árabe al-kodra, «la verde».

Rodeamos el faro siguiendo las rocas de la costa y allí la geología tomó el relevo de la historia. Ante nosotros aparecía un magnífico ejemplo de discordancia angular: una discontinuidad que separa un conjunto rocoso inferior del Mioceno Superior, formado hace entre ocho y diez millones de años, de materiales superiores del Cuaternario.

Estos últimos contienen sedimentos marinos correspondientes a una antigua playa fósil de hace unos 100.000 años, perteneciente al periodo Tirreniense, cuando el nivel del mar y la configuración de esta costa eran muy diferentes.

Habíamos llegado al lugar elegido para nuestro particular final de fiesta.

En uno de los largos espigones rocosos que se proyectan hacia el mar, como dedos gigantescos arañando la costa del Mediterráneo, nos acomodamos para esperar la salida de la luna llena, mientras el cielo se incendiaba sobre el mar. Los bocadillos hicieron su aparición y también la paciencia y la emoción. Pero las nubes bajas tenían otros planes.

La esperada Luna del Esturión se resistía a aparecer. El cielo permanecía cubierto justo en el horizonte y, después de esperar un buen rato sin conseguir verla, decidimos continuar hacia la playa de San Juan. El sendero estaba apenas iluminado por los reflejando las luces de sus edificios y paseo que veíamos a lo lejos.

La caminata prosiguió por la arena de la playa. Y fue precisamente entonces, cuando ya habíamos renunciado casi por completo a verla, cuando ocurrió.

Entre las nubes comenzó a asomar la luna, abriéndose paso entre ellas. La espera había merecido la pena.

Continuamos por el amplio paseo marítimo de la playa de San Juan, donde muchos se agolpaban para fotografiar la luna.

Dos de nuestras compañeras decidieron adelantarse para buscar el Tram, mientras el resto del grupo seguimos disfrutando del relajado paseo hasta alcanzar los 100 Montaditos.

Allí pusimos el punto final a la jornada como mandan las buenas tradiciones: unas cervezas compartidas, conversación y el recuerdo de una ruta que había tenido un poco de todo.

Después pasamos frente a la oficina de turismo viendo cómo la luna jugueteaba con las palmeras,  y continuamos hasta la cercana estación del Tram de Costa Blanca.

Con este tranquilo paseo pusimos fin a una entretenida ruta de costa, en la que los antiguos trenes nos acompañaron por una sucesión de evocadores túneles, los íberos y romanos nos recordaron la antigüedad de estas tierras, las calas nos ofrecieron sus aguas cristalinas, el sol su lenta agonía teñida de el viento nos mostró su trabajo sobre las rocas y las dunas, y el Mediterráneo estuvo presente durante todo el recorrido.

Y aunque la luna llena se hizo esperar, finalmente apareció entre las nubes para despedirnos. Quizá fue precisamente por eso por lo que supo mejor, por lo que se merece 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

sábado, 14 de septiembre de 2024

Excursión X486: Puesta de sol por Cabo Huertas y Vía Verde de la Cantera

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Playa de San Juan
Final: Playa del Postiguet
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 11,1 Km
Desnivel [+]: 49 m
Desnivel [--]: 51 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 5
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta
















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

lunes, 25 de octubre de 2021

Excursión X307: Castillo de Santa Bárbara

FICHA TÉCNICA
Inicio: Alicante
Final: Alicante
Tiempo: 2 a 3 horas
Distancia: 5,5 Km
Desnivel [+]: 240 m
Desnivel [--]: 240 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 3
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



























PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
El Castillo de Santa Bárbara se encuentra ubicado sobre el monte Benacantil, una mole rocosa de 166 metros de altitud lindante con el mar, lo que le confería un enorme valor estratégico ya que desde la misma se divisa toda la bahía de Alicante y sus alrededores terrestres, lo que propició el desarrollo de la ciudad al amparo de su defensa.

Los griegos la llamaron Akra Leuké (Promontorio Blanco), referido a una factoría o asentamiento cartaginense anterior. Los romanos la denominaron Castrum Album (Fortaleza Blanca). Los árabes a esta roca la llamaron Banu-lQatil, por el geógrafo musulmán Al-Idrisi (s.XII), hay historiadores que datan el origen del topónimo en las palabras "bena", transcripción al árabe de "pinna", peña en latín, y de "laqanti", adjetivo que proviene de Laqant o al-Laqant, denominación que se retuvo en la forma valenciana Alacant y que se castellanizó en Alicante.

En sus laderas se han encontrado restos arqueológicos de la Edad del Bronce, ibéricos y de la época romana, si bien el origen de la actual fortaleza hay que buscarlo a finales del siglo IX cuando la dominación musulmana. Y para llegar hasta este castillo lleno de leyendas, quedamos con el grupo de Antonio Lautriz y Hendrik en el quiosco del hotel Meliá, donde fueron llegando los participantes a esta ruta, que repiten por diferentes itinerarios, cada semana, hasta 22 formas distintas de subir tienen.

Reunidos todos, nos pusimos en marcha en dirección a la playa del Postiget, llamada así porque existía una pequeña puerta en la antigua muralla de Alicante que daba acceso a la ciudad,​ y que era denominada "el Postigo",​ la cual acabó dando nombre a la antigua calle alicantina del Postigo y a la playa del Postiguet. Recorrimos su bello paseo marítimo, cuajado de palmeras, con una ancha franja de dorada arena y aguas tranquilas, todo un icono para los alicantinos.

Alcanzamos el extremo de la playa, junto a la estación de La Marina, donde recibe el nombre tradicional de Playa del Cocó, punto desde donde se lanzan los castillos de fuegos artificiales tras las fiestas de las Hogueras de San Juan. Aquí giramos a la izquierda para adentrarnos en el barrio de Raval Roig, desde donde se tiene una buena vista de la llamada cara del moro. Aquí se cuenta la leyenda que rodea a este capricho de la naturaleza.

Conectamos con el camino de subida al Castillo, una empinada cuesta que asciende por la parte oriental del monte de Benacantil, y que tras subir unas escaleras, nos acercó a un mirador de preciosas vistas hacia Sierra Gorda (Serra Grossa) o Sierra de San Julián[y el Cabo de las Huertas. Descendimos siguiendo un sendero que bordea la cara norte del castillo hasta dar con la carretera de subida a la fortaleza. Fue curioso ver a una pareja de recién casados que bajaba la cuesta tras hacerse las preceptivas fotos en su recinto.

Entramos por la puerta que conduce al patio de armas y recorrimos sus murallas en busca de las estupendas panorámicas que ofrecen sus miradores desde todos sus ángulos posible. El nombre actual le viene del día de Santa Bárbara, ya que el 4 de diciembre de 1248, fue tomado a los árabes por el infante Alfonso de Castilla, futuro rey Alfonso X el Sabio.

En 1296 se posesiona de todo el recinto y, para la corona de Aragón, Jaime II ordena su remodelación. Casi un siglo después Pedro IV el Ceremonioso manda sea rectificado el recinto y el rey Carlos I ordenará su fortificación a comienzos del siglo XVI.

Hasta el reinado de Felipe II no se produce la gran reforma del castillo, con la construcción de las dependencias que en su mayoría hoy contemplamos. Duraron las obras 18 años, de 1562 a 1580, según proyectos de Juan Bautista Antonelli y Jorge Palearo "El Fratín".

Los bombardeos que sufrió Alicante en 1691 y las acciones bélicas llevadas a cabo contra el castillo durante el período 1706-1709, cuando la guerra de Sucesión, en que estuvo en poder de los ingleses, afectaron gravemente a todo el recinto tras la explosión de la mina ideada por parte de las tropas francesas. En este simpático vídeo se recrean estos acontecimientos. La última acción militar se produjo en 1873 cuando la fragata acorazada "Numancia", en manos de rebeldes cantonalistas de Cartagena, lanzó sus proyectiles sobre la población y su castillo, que sería desartillado veinte años después.

Durante la guerra civil española sirvió para recluir primero a prisioneros afines al bando Nacional, y posteriormente a prisioneros afines a la Segunda República hasta finales de 1939, la mayoría procedentes del puerto de Alicante y del campo de concentración de Los Almendros. Todavía hoy pueden apreciarse las marcas y grabados de aquellos prisioneros en algunas de las zonas del castillo. ​

Hasta 1963, en que fue abierto al público, estuvo en una situación de abandono. Fue en ese año cuando se inauguraron los dos ascensores que hacen un recorrido por dentro de la montaña de 142,70 metros y a los que se accede por un túnel de 204,83 m de longitud que nace en la avenida de Jovellanos, frente a la playa del Postiguet. Recorrimos la torreta, la vieja Torre del Homenaje, con impresionantes vistas de la bahía de Alicante, y que tiene los vestigios más antiguos de toda la fortaleza, unos basamentos de los siglos XI al XIII.

En este recinto contemplamos, entre otros, el llamado Baluarte de los Ingleses, así como otras dependencias: Parque de Ingenieros, Sala Noble, que fuera hospital, Casa del Gobernador, etc. La explanada más elevada es conocida por "Macho del Castillo" y allí estuvo la antigua alcazaba árabe.

El recinto intermedio corresponde a las dependencias más importantes concluidas en 1580: Salón Felipe II, antiguo Cuerpo de la Tropa frente al amplio Patio de Armas a cuyas espaldas se hallan las ruinas de la ermita de Santa Bárbara, Cuerpo de Guardia y Baluarte de la Reina.  Del siglo XVIII data el recinto inferior donde encontramos el Revellín del Bon Repós, que hace actualmente las funciones de aparcamiento y en el que se ubica el monumento al ilustre militar alicantino Félix Berenguer de Marquina que fuera capitán general de Filipinas y virrey de Nuevo México.

El gran escudo de mármol blanco (s. XVIII) que hay sobre la puerta de acceso al segundo recinto se hallaba en el Real Consulado del Mar, edificio destruido por una explosión. En su interior se encuentra el Museo de la Ciudad de Alicante (MUSA), integrado po­r cinco salas que se complementan con el Aljibe renacentista.

Se nos hizo de noche contemplando tanta historia, así es que tocaba regresar. Lo hicimos bordeando el castillo por su lado occidental, la de la puerta de San Jorge, que da paso al parque de la Ereta. Pasamos junto a la ermita de San Roque, la Plaza del Carmen y callejeando llegamos a la calle Real donde paramos a tomar algo en una de sus terrazas.

Tras el descanso, cada cual se fue hacia sus puntos de origen, dando así por terminada la excursión, que califico con 3 estrellas.
Paco Nieto