Distancia: 24,9 Km
Desnivel [+]: 214 m
Desnivel [--]: 212 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 5
Desnivel [+]: 214 m
Desnivel [--]: 212 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 5
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
RESUMEN
A las 7:30h ya estábamos desayunando en el bar del Albergue La Huella, y poco antes de las 8h Ángel y yo, más madrugadores, echamos a andar junto a la N-120, al resto los esperaríamos en Hospital de Órbigo.
Dejamos atrás San Martín del Camino, en el que un gran luminoso con el nombre del pueblo añade "Camino de Todos" haciendo suyo el espíritu de la peregrinación.
Por un puente salvamos el Canal General del Páramo, un canal de riego de los muchos que hay por la zona que captan el agua del río Órbigo y la reparten por todo el páramo.
El silencio es aplastante, solo el sonido de las hojas secas al resquebrajarse y el paso esporádico de algún vehículo rompen el sosiego matinal, bajo una preciosa decreciente media luna.
Al poco asistimos a un bello amanecer, que hizo resaltar los colores ocres de los árboles, que nos recordaban que ya era otoño.
Cruzamos el arroyo de la Huerga y más adelante la carretera que lleva a Santa Marina del Rey y al poco el Canal de la Presa Cerrajera, por una paralela paralela a la carretera.
Por una alfombra de hojas, continuamos hasta alcanzar el desvío, a la derecha, que abandona la cercanía del asfalto para enfilar hacia el conocido y precioso puente sobre el río Órbigo. Un hito marca que nos quedan 280,6 kilómetros. Un depósito de agua en alto nos sirve de faro, cruzamos el Canal de Castañón y entramos en Puente de Órbigo.
Girando a la derecha, nos acercamos a conocer la iglesia de Nuestra Señora de la Purificación. En el pórtico de la iglesia destaca una talla en piedra de la patrona, la Virgen de Nuestra Señora de las Candelas. La estructura actual data de 1710 año en que se acabó de asentar el retablo que representa a la Patrona, San Pedro, San Blas y San Antonio de Padua.
Nos llamó la atención las dos grandes puertas de madera bajo arcos de medio punto, también cuenta con la típica espadaña, en dos alturas, coronada por nidos de cigüeñas.Superado este poblado enfilamos el imponente puente gótico del siglo XIII, que da acceso a las adoquinadas calles de Hospital de Órbigo. Aunque debe su nombre al antiguo Hospital de los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén.
Su referente más significativo evoca el famoso desafío o “paso honroso” realizado por el caballero leonés Suero de Quiñones, caballero del rey Juan II, quien en el año jubilar de 1434 y merced a un compromiso adquirido con la dama Leonor de Tovar, se obligó ante el Apóstol a defender este paso en justas hasta romper 300 lanzas. Llevaba al cuello una argolla metálica de la que solo podría librarse peregrinando a Santiago tras vencer a todos los caballeros que se presentasen ante el puente sobre el río Órbigo.
Más de 60 caballeros llegados de Francia, Alemania, Portugal y España batieron sus armas en 722 carreras, desde el 19 de julio al 9 de agosto con un solo día de descanso: el 25 de julio, día de Santiago. Concluida semejante empresa y libre ya de su prisión de amor, el caballero peregrinó basta Compostela. Un año después, don Suero se casaba con doña Leonor y 24 años después, uno de los caballeros derrotados en las justas, acabó con la vida de don Suero.
Sus piedras atesoran una dilatada historia que se remonta a los tiempos en que Roma ocupó estas tierras como paso obligado de la antigua calzada romana entre Legio (León) y Asturica Augusta (Astorga). Tiene 19 arcos de diversas tipologías, aunque originalmente conservaba solo cuatro arcos góticos medievales, a los que se sumaron más en reconstrucciones posteriores.
Su largo es de casi 300 metros, que parece demasiado grande para lo que es el río Órbigo actualmente, pero antes de la construcción del embalse de Barrios de Luna, este río llevaba un gran caudal, siendo uno de los puentes más espectaculares del Camino de Santiago.
Se cree que Almanzor pasó por esta localidad y atravesó el viejo puente cuando transportaba las campanas requisadas en Santiago de Compostela, de camino hacia Córdoba. En el siglo XIX, los habitantes de Hospital destruyeron los dos extremos del puente para impedir el paso a las tropas de Napoleón.
Al poco de atravesar el puente, tras 7 Km desde que iniciamos la etapa, llegamos a la iglesia de San Juan, de los siglos XVII y XVIII, situada a la derecha del Camino, construida con mampostería y planta de cruz latina. En la espadaña de tres cuerpos a sus pies se aloja el reloj de la villa y campana. El acceso por el pórtico de triple arco y reja deja ver sobre el mármol de la portada la imagen de San Juan Bautista, en hornacina de madera al lado del escudo de sus fundadores, los caballeros de la Orden de San Juan.
Pasamos junto a una casa con muchas flores en sus balcones, el albergue Parroquial y al llegar a la última casa del pueblo, en lugar de continuar por la calle Camino de Santiago, que nos devolvería a la insoportable N-120, hicimos caso a las marcas del suelo y los consejos de todas las guías del Camino y giramos a la derecha para ir al encuentro de Villares de Órbigo y Santibañez de Valdeiglesias.
La segunda opción es un par de kilómetros más larga que la primera. Ambas confluyen en el crucero de Santo Toribio, antes de llegar a San Justo de la Vega, pero merece la pena alejándonos así del ruido.
El camino es de tierra, amplio y plano, rodeado de campos de maíz y de repollos como nunca habíamos visto. Tras 3 Km, por la calle Real llegamos a la iglesia de Villares de Órbigo, con torre de ladrillo, está dedicada a Santiago el Mayor, situado en el centro de la población. Fue construida en la primera mitad del siglo XVIII.
En su plaza Mayor se ubica una cruz en homenaje a los peregrinos, enfrente se encuentra el bar Arnal, donde nos tomamos unos cafés mientras esperábamos al resto de compañeros.
Tras el descanso, continuamos por la calle Camino de Santiago hasta salir al campo, pasamos por un área de descanso con fuente.
Cruzamos la carretera y un canal de riego, entre huertas, subimos y bajamos un pequeño cerro, siguiendo una senda de monte pedregosa, tomamos una pista asfaltada y en 3 Km llegamos a Santibáñez de Valdeiglesias.
Paramos en el bar Valle de Órbigo, lugar con encanto y buen trato.
Tras un aperitivo nos acercamos a la parroquia de la Santísima Trinidad, de finales del XIX, en su interior encontramos unas interesantes tallas de San Roque Peregrino y de Santiago Matamoros. Es evidente el carácter defensivo que tuvo este templo en épocas pretéritas. Macizo, con escasísimos vanos, daba prioridad a la necesidad de protección de sus feligreses, antes que a la luminosidad o las concesiones estéticas. Su alta torre, que servía para dar la señal de alarma en situaciones de peligro, concede verticalidad al conjunto a través de su cuerpo de campanas y su espadaña.
Tras cruzar Santibáñez por la calle Real, tomamos un camino de tierra rojiza que nace al final de la calle Carromonte Alto, que discurre entre granjas de vacas, viñedos, campos de cultivo y algún que otro monte.
Un hito compostelano nos indica que "solo" nos quedan 274,8 Km hasta Santiago.
Tras una cuesta, alcanzamos el alto de Colomba, una meseta en la que se encuentra un Crucero homenaje al peregrino y junto a él un muñeco espantapájaros con el que nos hicimos la foto de grupo.
A los pies de la cruz, se apilaban un montón de piedras escritas con mensajes que los peregrinos dejan como ofrendas espirituales para honrar a seres queridos fallecidos, liberar cargas emocionales y pecados, agradecer el viaje o pedir deseos, con el objetivo de avanzar más ligeros y con propósito hacia Santiago, transformando la peregrinación en un acto de purificación y recuerdo.
Descendimos por un camino de tierra, entre campos de cultivo. Bajo unas encinas, unos bancos y mesa de madera nos sirvió de descanso efímero a la sombra, mientras tomábamos algo de fruta.
Nuevamente por camino de tierra descendimos suavemente hasta pasar junto a unas pequeñas pero alineadas repoblaciones de pinos.
Tras esta preciosa pero árida travesía, la Casa de los Deseos se presenta como un oasis en el desierto. Está regentada por David Vidal, un joven catalán que decidió, en el verano de 2009, dedicar su vida al servicio de los peregrinos.
Para ello se estableció en una vieja nave agrícola abandonada. Ofrece a los peregrinos, sin nada a cambio, fruta, zumos, limonada, etc. En este enlace se recogen sus vivencias.
Continuamos el camino cruzando una carretera asfaltada y a los pocos metros me dieron ganas de subir a un vértice geodésico que está sobre un altísimo pedestal de cemento, a nuestra izquierda, con una escalera que sube hasta él, pero la prudencia y quizás también el cansancio, se impuso a la curiosidad y mi afición a este tipo de hitos.
Pasamos entre un amplio pinar también de repoblación, y en un cruce de caminos, señalizado por una cruz de madera y un hito con la indicación de 269,5 Km, nos desviamos a la izquierda.
Por camino casi plano llegamos a la emblemática Cruz de Santo Toribio, lugar donde confluye el camino alternativo por carretera y éste que elegimos a la salida de Hospital de Órbigo. Está labrada en piedra sobre un montículo de varios anillos.
Desde aquí se tiene una espectacular panorámica de Astorga, encaramada en un cerro sobre el que destacan las imponentes torres de la catedral que sobresalen en el horizonte sobre el fondo de los Montes de León, sobre los que se eleva el mítico monte Teleno, en cuyas cimas moraba el dios Marte. A nuestros pies la fértil vega del río Tuerto, surcada por innumerables regatos.
Santo Toribio fue obispo de Astorga en el siglo V, al marcharse de la ciudad, dicen que aquí sacudió sus sandalias y mirando hacia ella dijo: “De Astorga, ni el polvo”. Luego lo nombraron patrono de la ciudad.
Desde este privilegiado lugar descendimos por una pista de tierra en pronunciada pendiente hasta alcanzar la escultura Tengo Sed, del pintor y escultor Sendo, en homenaje al peregrino sediento hidratándose en la fuente.
Es una mezcla de elementos del Camino actual, con otros de la más antigua raíz jacobea, como la calabaza de la que está bebiendo, que en la Edad Media iba normalmente llena del vino que les regalaban o vendían, pero rara vez con agua de la fuente o del río, porque tenían mucho miedo a las enfermedades que podían contraer con el agua. En cambio el vino era una bebida mucho más segura, salvo que te envenenaran en algún albergue para robarte lo que llevaras.
Otra vez la N-120, cruzamos enseguida el Canal de San Román y San Justo y a los pocos metros llegamos a San Justo de la Vega tras haber recorrido poco más de 8 km desde Santibáñez de Valdeiglesias.
Nada más entrar en el pueblo, paramos en el bar Oasis a tomar unas cervezas, después nos acercamos a hacernos una foto junto a la casa de un amigo, Jesús C, que es de aquí.
Enfrente de la casa se encuentra la parroquia, que está dedicada a los santos Justo y Pastor. Del templo original, edificado en el siglo XVI, ha sobrevivido la espadaña adosada a la torre. En lo alto una familia de cigüeñas. El edificio actual es de factura reciente. La imagen de San Justo, es obra de Gregorio Español y data del XVI. Cohabitan un altar del XVII y un retablo moderno.
A la salida de San Justo, cruzamos el puente de piedra sobre el río Tuerto por una pasarela paralela que facilita el paso sin peligro. A unos cien metros abandonamos la carretera para introducirnos por la derecha por un camino que conduce a una chopera próxima, que nos regaló su colorido más otoñal.
Caminamos entre campos de maíz, pasamos junto a una casa con una enorme imagen de Octavius Augustus y cruzamos un puentecillo romano de la Molderia Real, que salva el cauce del pequeño riachuelo de la Moldera o canal del Tuerto.
Al otro lado del puente tomamos a la izquierda una pista que nos deja en la carretera.
Giramos a la derecha y. pasados unos 150 metros, cruzamos las vías férreas por una aparatosa pasarela sobre la vía del tren. Unas curiosas esculturas de hierro adornan el apeadero, ahora en desuso.
Bordeamos una rotonda con la leyenda Asturica Augusta y la figura de un legionario, justo antes de la llegada a Astorga.
Unos metros más adelante, entre campos de labranza, en una curva a la derecha de, cruzamos la calzada para subir por la conocida como Travesía Minerva, que nos sitúa al comienzo de la calle Puerta del Sol, por la que la ruta jacobea entra en Astorga.
La calle Puerta del Sol es una empinada cuesta cubierta de banderas de todo el mundo, en homenaje a las distintas nacionalidades de los peregrinos, que finaliza junto a la Capilla de la Santa Veracruz, del siglo XV, pero reconstruida en 1816, que guarda una especie de museo de la Semana Santa.
Frente a ella se sitúa la escultura Quo Vadis, obra de Sendo, tristemente fallecido en 2022, representa en bronce a un caminante con su sombrero, su bastón y su equipaje al hombro.
Está situado a las puertas del albergue municipal de peregrinos, en la confluencia de la Vía de la Plata y el Camino Francés.
Astorga fue, después de Burgos, la ciudad que llegó a contar con mayor número de hospitales y albergues para peregrinos; hasta 22 llegó a ofrecer. De su tradición hospitalaria da fe una ordenanza del gremio de los zapateros de la ciudad que, a mediados del siglo XIII, sólo permitía trabajar en domingo como caridad para los peregrinos necesitados de calzado para su andadura.
Desde aquí continuamos, dejando la Iglesia románica de San Bartolomé del siglo XI, a la derecha, para recoger las maletas en el cercano Hotel La Peseta y después dirigirnos a la Plaza Mayor, sede del Ayuntamiento.
Comimos en el restaurante Astur Plaza, contemplando la hermosa fachada de la Casa Consistorial.
Fue construida entre 1683 y 1703 según el proyecto de Francisco de La Lastra. La espadaña central es de 1748, (Domingo Martínez), que sirvió para alojar el reloj y las campanas, la mayor de las cuales está acompañada de dos muñecos vestidos de maragatos, llamados Juan Zancuda y Colasa, que marcan las horas golpeándola con un mazo.
Tras descansar unas horas, por la tarde en el hotel, quedamos con nuestra compañera Mariola P., que es de aquí, para realizar la visita guiada que nos tenía preparada de la Ruta Romana de Astorga, un viaje al pasado en el que descubrimos los restos arqueológicos de época romana, conservados en el subsuelo de la ciudad y que, poco a poco, se han ido recuperando, conservando y musealizando.
Conocimos un tramo del foso, Cerca Legionaria, que formaba parte del sistema defensivo del Campamento de la Legio Décima Gémina, que dio origen a la ciudad a finales del siglo I a. C., constaba de dos trincheras con forma de uve a las que acompañarían un terraplén y una empalizada de madera. Más tarde, en el siglo I, se levantó un primer recinto amurallado, con torres circulares, y en el siglo III se rodeó por completo el cerro sobre el que se ubica el casco antiguo con una nueva muralla de algo más de dos kilómetros de trazado y de forma casi rectangular, contaba con 27 cubos semicirculares, separados cada uno entre sí por unos 16 metros.
También visitamos las Termas Menores, la curia, que era el lugar donde se reunían los Decuriones para gobernar la ciudad.
El Aedes Augusti, templo dedicado al culto imperial, y la Ergástula romana, galería o criptopórtico, de la zona sur del Foro, sobre la que se instaló el Museo Romano.
La ruta la completamos con el recorrido por el interior de un tramo del interesante sistema de cloacas y la visita a una lujosa casa, Domus del Mosaico del Oso y los Pájaros, cuyo propietario, sin duda, pertenecía a uno de los grupos sociales más elevados de la antigua Asturica Augusta.
Por la noche, recorrimos la zona monumental formada por la Catedral, dedicada a Santa María, se remonta a 1069, fue reconstruida en 1087. Conjuga elementos góticos, renacentistas y barrocos. Destaca la fachada principal, de finales del siglo XVII, de estilo barroco churrigueresco, con tres puertas bajo arco y flanqueada por dos torres, se organiza a modo de retablo pétreo, con abundante decoración a lo largo de la misma. Bajo ella nos hicimos un montón de fotos.
Visitamos el Palacio Episcopal, encargado a Antoni Gaudí, con quien el obispo Juan Bautista Grau Vallespinós mantenía una vieja amistad. Las obras se iniciaron en 1889, pero tras el fallecimiento del obispo en 1893, Gaudí renunció a la dirección de la obra por desavenencias con el Cabildo, cuando todavía faltaban por construir el segundo piso y el ático. Le sucedieron, sin éxito, tres arquitectos, hasta que con Julián de Diego y Alcolea como obispo se nombró como nuevo director del proyecto a Ricardo García Guereta, que concluyó el edificio en 1913.
Tras contemplar una preciosa puesta de sol desde las murallas, acabamos el día cenando gratamente en el restaurante La Pepa, dando así por terminada esta larga jornada repleta de emociones y que califico con 5 estrellas.
Paco Nieto
FOTOS
ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS
* Etapa 1. Saint Jean Pied de Port - Roncesvalles
* Etapa 2. Roncesvalles - Zubiri
* Etapa 3. Zubiri - Pamplona
* Etapa 4. Pamplona - Puente la Reina
* Etapa 5. Puente la Reina - Estella
* Etapa 6. Estella - Los Arcos
* Etapa 7. Los Arcos - Logroño
* Etapa 8. Logroño - Nájera
* Etapa 9. Nájera - Santo Domingo de la Calzada
* Etapa 10. Santo Domingo de la Calzada - Belorado
* Etapa 11. Belorado - San Juan de Ortega
* Etapa 12. San Juan de Ortega - Burgos
* Etapa 2. Roncesvalles - Zubiri
* Etapa 3. Zubiri - Pamplona
* Etapa 4. Pamplona - Puente la Reina
* Etapa 5. Puente la Reina - Estella
* Etapa 6. Estella - Los Arcos
* Etapa 7. Los Arcos - Logroño
* Etapa 8. Logroño - Nájera
* Etapa 9. Nájera - Santo Domingo de la Calzada
* Etapa 10. Santo Domingo de la Calzada - Belorado
* Etapa 11. Belorado - San Juan de Ortega
* Etapa 12. San Juan de Ortega - Burgos














































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