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sábado, 21 de enero de 2023

Excursión X382: Cabo y Faro de Santa Pola

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Santa Pola
Final: Santa Pola
Tiempo: x4 a 5 horas
Distancia: 12,7 Km
Desnivel [+]: 205 m
Desnivel [--]: 205 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: No
Valoración: 4
Participantes: 8

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta

















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
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RESUMEN
Santa Pola
es un municipio situado en la costa de la provincia de Alicante, en la comarca del Bajo Vinalopó, que guarda interesantes restos históricos y del que destacan su puerto, sus salinas y sus playas, muchas de ellas dotadas de Bandera Azul.

A las 8 h nos reunimos en el aparcamiento cercano al restaurante Ca Pacorro, donde disfrutamos de un precioso amanecer, con unas nubes rojizas que teñían el cielo de colores espectaculares y que, como suele ocurrir en estos momentos, hicieron que más de uno sacara el móvil para inmortalizar la escena.

Echamos a andar hacia el Parque del Maestral, un lugar con mucho encanto, ideal para disfrutar del mar, por cuya costa continuamos siguiendo el paseo Vicealmirante Blanco Gracia.

Llegamos al Mirador de las Cadenas, un lugar emblemático situado junto al mar, desde donde disfrutamos de unas bonitas panorámicas del litoral.

A partir de este punto dejamos atrás las urbanizaciones y nos adentramos en terreno virgen, sin edificaciones, donde solo encontramos mar, secarral y algún aparcamiento donde se amontona autocaravanas. A nuestro paso se van sucediendo pequeñas calas, ideales para darse un buen baño, practicar snorkel o incluso salir a pescar en kayak, como las calas del Aljub, del Cuartel, del Faro y Punta Larga.

Nuestro camino nos lleva hasta la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, de nave rectangular y techo de madera con cubierta a dos aguas, declarada Bien de Relevancia Local.

Cuenta la tradición que en 1889, siendo costumbre recoger esponjas en la playa, en una finca de Andrés Alonso Alemán encontraron un día un paquete arrastrado por el mar. El paquete contenía unos azulejos en los que estaba representada la imagen de la Virgen del Rosario.

El propietario del terreno colocó un peirón al principio del camino del cabo y, posteriormente, construyó la ermita y compró una imagen de la Virgen del Rosario, llevándola cada año, el 24 de junio, en procesión desde su casa hasta la ermita.

Durante la Guerra Civil la imagen de la Virgen fue quemada, por lo que en 1946 el alcalde Antonio Sempere González compró otra imagen y mandó restaurar la capilla. Aunque durante unos años se perdió la tradición de llevar a la Virgen en romería, esta costumbre se recuperó en 1979.

Muy cerca se encuentran las ruinas de la Torre de Carabassí, restos de una de las numerosas torres de vigilancia que existen en el término municipal de Santa Pola

Edificada con muros de mampostería y de forma cilíndrica, actualmente se encuentra en ruinas, aunque está declarada Bien de Interés Cultural por el Consell de la Generalitat Valenciana.

Nos alejamos de la costa y giramos a la derecha para después hacerlo a la izquierda y llegar a la Cueva de las Arañas. En ella se encontraron algunos de los primeros vestigios de presencia humana en el área de Santa Pola, que se remontan al III milenio a. C. Se han encontrado materiales y pinturas del Eneolítico.

La cueva está situada en la ladera vertical de un barranco de la sierra. La actividad desarrollada por sus antiguos moradores estaba relacionada principalmente con la caza y la explotación de los recursos marinos. Actualmente está protegida por una cerca que impide el paso.

Salimos de la cueva y nos dirigimos a uno de los aljibes construidos en el siglo XVIII para abastecer de agua a los habitantes de Santa Pola.

Se trata de depósitos destinados a almacenar agua potable procedente de la lluvia, que era conducida mediante canalizaciones desde las laderas rocosas de la sierra.

El aumento de la población, motivado por la riqueza generada por la sal y la pesca, hizo necesario dotar a la villa de un sistema de abastecimiento de agua de lluvia. 

Esta era almacenada en depósitos subterráneos para posteriormente venderla por las calles en tinajas transportadas en carros. 

En la Edad Moderna, con la expansión de los cultivos cerealísticos de secano propiciados por los repobladores y el posterior aumento demográfico, que obligaba a colonizar espacios baldíos y alejados de las fuentes, el aljibe se extendió por todo el territorio.

Durante la primera mitad del siglo XX todos los aljibes estaban todavía en funcionamiento. A partir de los años 40, en la posguerra, la elevada emigración provocó el abandono de la agricultura y la progresiva desaparición de esta cultura hidráulica tradicional. Este es el caso del Aljibe Tía Empar, donde nos encontramos

Continuamos por un estrecho sendero a media ladera, paralelo a la costa y en dirección sur.

Después de recorrer aproximadamente 1,5 kilómetros giramos a la derecha para ascender por el Barranco de l'Escolgador de Crist (Barranco del Descolgador de Cristo) hasta alcanzar el Mirador de l'Escolgador de Crist.

Desde aquí continuamos hacia el Faro de Santa Pola, situado al borde de los acantilados de la Sierra de Santa Pola. Desde sus alturas, este antiguo oteador vigila incansablemente las aguas de la bahía, desde la Isla de Tabarca hasta el Cabo de las Huertas.

Llueva o truene, el faro de Santa Pola permanece impasible ante el paso del tiempo y los avances en las comunicaciones.

Unos avances que han convertido su presencia en las alturas en un mero testimonio de tiempos pasados, aunque continúa cautivando la mirada de todos aquellos que se acercan a conocer esta magnífica atalaya del litoral sur de la provincia de Alicante.

En su origen, fue diseñado como una pequeña luz de sexto orden que complementase el importante faro que se establecería en la Isla de Tabarca.

Situado en lo alto del Cabo de Santa Pola, a unos 138 metros sobre el nivel del mar y a unos 360 metros de la orilla, fue inaugurado en 1858.

El faro se construyó sobre una antigua torre defensiva del siglo XVI, la Torre de la Talaiola o Atalayola, levantada en 1552 como parte de la red de torres vigía de la costa. Muy cerca encontramos también la Torre d’Escaletes, que formaba parte de este mismo sistema defensivo.

Continuamos hasta el Mirador del Faro de Santa Pola, una llamativa pasarela metálica situada al borde de los acantilados de la Sierra de Santa Pola, un relieve montañoso formado por un antiguo atolón coralino fosilizado, cuyo origen geológico explica su peculiar forma circular.

Desde este increíble mirador disfrutamos de una fantástica panorámica de la bahía de Alicante, con la Isla de Tabarca tan cerca que casi parece que podamos tocarla. Sin duda, estamos ante uno de los miradores más espectaculares de la Costa Blanca.

El mirador está formado por dos pasarelas metálicas conectadas entre sí que permiten disfrutar de las vistas desde el mismo borde de los acantilados, ofreciendo una sensación de vértigo a quienes se acercan hasta el extremo.

En días despejados, las vistas hacia el norte alcanzan hasta el Peñón de Ifach, pudiendo contemplarse algunas de las montañas más emblemáticas de la provincia de Alicante, como el Puig Campana o la Sierra de Aitana.

Hacia el sur, lo más destacable es la visión de la Isla de Tabarca. Precisamente su posición estratégica explica la construcción de una antigua torre vigía en este lugar, ya que Tabarca era utilizada en aquellos tiempos como refugio y punto de apoyo por los piratas.

Tras las fotos pertinentes en tan singular lugar, nos acercamos a conocer las fortificaciones erigidas durante la Guerra Civil.

Se trata de una serie de construcciones militares situadas en la Sierra de Santa Pola, formadas principalmente de baterías antiaéreas, construidas con el objetivo de defender las posiciones republicanas de los bombardeos de los aviones franquistas procedentes de Mallorca.

Encontramos dos baterías de costa y un búnker que hoy en día alberga, curiosamente, un vértice geodésico en su parte superior.

Junto a ellos, se encuentran las ruinas de antiguos barracones donde se alojaba la tropa encargada de defender la costa.

Son vestigios de una época convulsa que permanecen integrados en el paisaje y que nos recuerdan que estas montañas, además de su belleza natural, fueron también escenario de nuestra historia más reciente.

Atravesamos gran parte de la Sierra de Santa Pola, siguiendo una carretera asfaltada que se dirige recta a la Torre d’Escaletes, entre matorral y carrascas.

Durante los siglos XVI y XVII, las poblaciones costeras de la provincia de Alicante —y, en general, las de todo el Mediterráneo— vivían bajo la amenaza constante de los ataques de los piratas berberiscos. Ataques que, en algunos casos, eran devastadores, saqueando a los lugareños e incluso cobrando un botín en forma de secuestros para su posterior venta como esclavos.

Vivir en la costa, junto al mar, era un riesgo inasumible en muchos casos. Esta es la razón por la cual los centros históricos de muchas poblaciones «costeras» del Mediterráneo se encuentran a cierta distancia de la costa, como sucede, por ejemplo, en San Juan de Alicante, Jávea o Benissa. Solo en la provincia de Alicante, que en aquel entonces, obviamente, no se conocía como tal, se contabilizaban más de veinte torres vigía repartidas a lo largo del litoral.

En 1568, el rey Felipe II encargó a Vespasiano I Gonzaga la inspección y el proyecto de construcción de las fortificaciones del puerto de la ciudad de Cartagena, de la costa del Reino de Valencia y de los puertos africanos de Orán y Mazalquivir. En este viaje, Vespasiano Gonzaga estuvo acompañado por el prestigioso ingeniero militar Juan Bautista Antonelli, a quien se debe la construcción de alguna de estas torres.

En el actual término municipal de Santa Pola se levantaron tres torres vigía durante el siglo XVI: la Torre del Tamarit, en las Salinas de Santa Pola; la Torre de Escaletes o Torre de Pep; y la Torre de la Atalayola, actual Faro de Santa Pola, como ya hemos indicado.

En cuanto a la Torre d’Escaletes, su importancia era especialmente relevante por encontrarse frente a la Isla de Tabarca, lugar que solía ser utilizado por los piratas como avanzadilla para sus temidas incursiones.

Los soldados destinados en la torre, además de vigilar constantemente el litoral, estaban encargados de mantener contacto visual con las torres y fortalezas vecinas y con el Castillo-Fortaleza de Santa Pola. Esta labor podía realizarse mediante señales de humo durante el día, antorchas durante la noche o mediante los llamados «atajadores», soldados encargados de recorrer a pie o a caballo la distancia entre las fortificaciones para transmitir noticias de posibles ataques.

La Torre d’Escaletes está construida en mampostería y tiene una altura aproximada de 8 metros, con ménsulas en su parte superior. 

declarada Bien de Interés Cultural. Fue restaurada en 2017 de una manera muy acertada, devolviéndole buena parte de su esplendor original.

Desde aquí comenzamos el descenso por unas escaleras hacia la playa. Poco a poco dejamos atrás las alturas de la sierra, las torres vigía y los restos de las antiguas fortificaciones, para volver de nuevo junto al Mediterráneo.

Ya solo nos quedaba regresar hasta el punto de inicio, con las piernas acusando los kilómetros recorridos pero con la satisfacción de haber disfrutado de una ruta muy completa, en la que hemos podido combinar naturaleza, mar, geología e historia.

Y como toda buena excursión que se precie, todavía nos quedaba la mejor recompensa: al llegar al restaurante Ca Pacorro nos sentamos alrededor de la mesa para disfrutar de unos estupendos arroces, acompañados, cómo no, de la correspondiente tertulia y del buen ambiente del grupo.

Reconfortados y después de una magnífica jornada, algunos dimos un paseo hasta el puerto, para finalizar así esta excursión por Santa Pola, un recorrido que nos ha permitido descubrir una parte del litoral alicantino en la que, detrás de cada cala, cada torre y cada sendero, se esconde un pequeño pedazo de nuestra historia.

Una ruta para disfrutar sin prisas, mirando al mar, descubriendo nuestro patrimonio y, sobre todo, disfrutando de la compañía. Porque al final, como siempre, lo mejor de una excursión no es solo el camino recorrido, sino las experiencias y los buenos momentos que compartimos durante el trayecto y a la que le otorgo 4 estrellas.
Paco Nieto