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lunes, 19 de abril de 2021

Excursión X278: Puentes del río Manzanares y Minas de San Marcelino

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Puente del Grajal
Final: Puente del Grajal
Tiempo: 4 a 5 horas
Distancia: 13,1 Km
Desnivel [+]: 422 m
Desnivel [--]: 422 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 12

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK
* Track de la ruta (archivo gpx) 

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH 
* Mapa 3D (archivo kmz)

RUTA EN WIKILOC
* Ver esta ruta en Wikiloc

RUTA EN RELIVE
* Ver esta ruta en Relive
 
RESUMEN
No es muy conocido el cañón que forma el río Manzanares en la frontera de Colmenar Viejo con Hoyo de Manzanares y sin embargo su riqueza paisajística y cultural es muy grande. En él se encuentras puentes, batanes, molinos y hasta unas catas mineras que en esta ruta tuvimos el placer de conocer. Para disfrutar de todo este entorno contacté con Gabino, buen conocedor de esos paraje (y de muchos más), que nos hizo de excelente guía local. Muchas gracias Gabino ha sido un placer volver a compartir ruta contigo.

Había citado al grupo en el pequeño aparcamiento que hay junto al puente del Grajal, pero para nuestra sorpresa, recientemente han colocado una cadena que impide el paso de vehículos, por lo que tuvimos que aparcar en un lateral de la carretera con pequeña explanada un poco más arriba, pasada una cerrada curva y antes de llegar a la siguiente. A las 10, hora prevista, nos pusimos en marcha descendiendo por un estrecho sendero hacia la presa del Grajal, encajada en uno de los tramos más agrestes del caprichoso río Manzanares, entre farallones de roca cortados a placer por la furia del agua.

Su construcción fue por iniciativa del entonces Marqués de Santillana, D. Joaquín de Arteaga y Echagüe. Construida en 1908 por la empresa del marqués, Hidráulica Santillana, con un doble objetivo, por un lado suministrar agua a Madrid, y los entonces pueblos de Tetuán de las Victorias, Chamartín de las Rosas, El Pardo y Fuencarral, además de Colmenar Viejo, pero también para obtener la energía eléctrica escasa por aquel entonces, mediante la fuerza del agua, la primera de Madrid.

La presencia en la inauguración del entonces rey Alfonso XIII estaba de sobra justificada, al ser el primer salto hidroeléctrico que suministraba energía eléctrica a Madrid, además de la gran amistad personal que le unía al noble y empresario, con el que compartía aficiones y veladas de caza.

Construida en sillería de piedra de granito, el material más frecuente y por ende más barato de la zona, tiene una altura de 10,5 metros y era capaz de embalsar 80.000 metros cúbicos de agua. La presa del Grajal dejo de ser útil con la construcción del embalse de Santillana, junto al castillo del mismo nombre en Manzanares el Real unos kilómetros al norte, convirtiéndose en otra historia olvidada y en desuso en compañía del viejo y hermoso puente árabe que muy cercano a la presa encontramos en nuestro recorrido.

El Puente del Grajal es de origen musulmán y sirvió como infraestructura militar para la defensa de la Marca Media durante la reconquista de la península ibérica. El viejo puente construido hacia el siglo X, fue restaurado en el Siglo XVIII, de ahí su excelente estado. Con un solo arco de medio punto, de sillería con tímpano y pretil, solucionados por sillares y sillarejo y cimentado directamente sobre la roca. Tiene una luz de 10 metros y el ancho de su tablero es de 3,34 metros.

Formaba parte de un camino defensivo que facilitaba los movimientos de tropas entre Talamanca del Jarama, donde está la primera construcción de estas características aunque muy reformada, y el valle del Tietar. Por el camino quedan los restos escasos de los puentes de Alcanzorla, entre Torrelodones y Galapagar, o el del Pasadero, en las cercanías de Valdemorillo, de los que apenas queda el arco de medio punto. Este camino, sus puentes, atalayas y ciudadelas defensivas formaban parte de la Marca Media, la frontera entre el Califato de Córdoba y los Reinos Cristianos del norte entre los siglos IX y XI.

El nuevo puente, construido a su lado en 1895 le resta algo de belleza, pero ha contribuido a su conservación al liberarle del cada vez mayor tráfico que soportaba.

Nada más pasar los puentes, dejamos la carretera para seguir por el camino de la derecha, caminando por encima de lo que fue el canal que llevaba el agua de la presa, aprovechando la extraordinaria orografía del barranco y que en este enlace se cuenta en detalle.

Pronto comenzamos a ver los restos de antiquísimos molinos harineros y batanes, construidos en el siglo XVII para la compactación de tejidos. Ambas industrias necesitaban de un curso de agua para aprovechar la energía hidráulica para su funcionamiento. Es una pena el verlos deteriorarse por la desidia que existe para acometer la recuperación de algunos de estos lugares.

Cuando el canal se pierde en un túnel, el ancho camino del canal se acaba y nos obliga a descender por un sendero que surge a nuestra derecha, que rodea el montículo y trazando una curva vuelve a pasar junto a la canalización, para alejarse definitivamente bajando hasta el arroyo de Navarrosillos. Costó cruzar el arroyo, que llevaba mucha agua, al parecer procedente de la depuradora que aguas arriba la suelta sin medida cuando se desborda.

Colocamos algunas piedras sobre las que ya había para facilitar el paso, con tan mala fortuna que una de ellas se movió al paso de una de las chicas, que al resbalarse acabó dándose un zambullido casi de cuerpo entero en el agua del arroyo. Tras el susto y cambio de alguna ropa, proseguimos el recorrido contemplando el espectacular paisaje y lo verde que estaba todo.

Poco a poco, guiados por Gabino, nos fuimos acercando a uno de los muchos meandros que forma el río, y con certero rumbo acabar junto a la entrada de la mina baja, la más próxima al río y la que mejor acceso tiene del conjunto de galerías de la mina de San Marcelino, en la ladera del monte Peñalvento, compuesta por tres pequeñas minas de cobre de las que ya hay constancia en 1684.

Ésta, en la que nos internamos con linternas, se encuentra en la parte baja, muy escondida. Su estructura está intacta y aparentemente no presenta peligro, este es su perfil:








Se puede comprobar que una vez superada la entrada, hasta se puede caminar de pie por ella, tiene unos 40 metros de longitud y casi dos metros de altura.

Tras realizar las fotos y vídeos que se pueden contemplar más abajo, salimos de la oscura mina y fuimos en busca de la segunda.

Remontando con gran pendiente la loma, con cuidado de no resbalar, justo a mitad de trayecto para alcanzar el camino, un poco a la derecha se encuentra la entrada a la mina intermedia, de complicado acceso por hallarse totalmente tapada por un derrumbe y semi oculta por la maleza.

Al alcanzar el camino, en el borde del fondo, tras unas zarzas que la camufla, está la entrada a la mina de arriba, tiene una longitud similar a la de abajo, pero su acceso se ve enseguida dificultado por un derrumbe que ha amontonado piedras, dejando un estrecho paso para poder continuar por ella. este es su perfil:









Es MUY PELIGROSO, adentrarse en ella porque su estructura se ha derrumbado, hay piedras sueltas y el aire del fondo está viciado. Nos asomamos a ella apenas un par de metros y la mayoría solo desde fuera.

La última pequeña explotación o saneamiento de labores antiguas se realizó entre 1858 y 1861. El filón explotado encaja en una zona de fracturas de las adamellitas de la zona. Mineralógicamente se ha reconocido azurita, bornita, calcopirita, calcosina, crisocola, cuarzo, cuprita y malaquita.

En este detallado estudio de la minería en Madrid, se menciona esta mina.

Continuamos avanzando por el sendero, en dirección suroeste, entre encinas, enebros y un sin fin de arbustos aromáticos en flor que hacían aún más ameno el de por sí esplendido recorrido.

Los restos óseos de una posible vaca o ternero proporcionaron una breve parada para las correspondientes fotos.

Al bordear la loma del Alto de las Carrizosas, iniciamos el descenso hacia el río, siguiendo la senda que entre torrenteras de cierta pendiente y arena suelta alcanza, al poco, las ruinas del molino Barrera Blanca, en las proximidades del río Manzanares y del arroyo del Cerro Negro, que cruzamos sin agua. Iniciamos desde allí un corto ascenso, entre jaras y cantuesos en flor, para luego descender hacia el puente de la Marmota. punto de menor cota de la ruta.

¿Y porque este nombre? es la pregunta que todos nos hacemos al contemplarlo, pues parecer ser debido a la degeneración fonética del término «mamotar», nombre de uno de los cerros cercanos al viaducto por su forma de mama femenina, esta montaña aparece con el nombre Cabeza de Mamotar en documentos y textos medievales.

El sorprendente nombre no alude a la presencia de estos mamíferos por la zona, si no por una degeneración del término 'mamotar', con el que era conocido un cerro cercano al puente, con forma de 'mama' femenina.

La citada montaña aparece con el nombre de Cabeza de Mamotar en diferentes documentos y textos medievales, caso del célebre Libro de la Montería, escrito por el rey Alfonso XI de Castilla (1311-50). Dada la similitud fonética que poseen las voces 'mamotar' y 'marmota', es fácil entender el proceso de corrupción lingüística sufrido por el topónimo.

Fue realizado entre 1756 y 1758, en el contexto de un proyecto de acotamiento y mejora de los accesos de El Pardo, llevado a cabo por mandato de Fernando VI (1713-59).

Además de esta infraestructura, se crearon otras muchas, como la cerca de 99 kilómetros que rodea al monte, la Puerta de Hierro, el puente de San Fernando, la gavia de Fuencarral y una serie de pequeños puentes, que salvaban los arroyos de Valdeculebras, de las Viudas, de Tejada y de Trofa, todos ellos afluentes del Manzanares.

La complicada orografía del paraje explica su considerable altura. Su único ojo, formado por un arco de medio punto, con 46 dovelas, salva un desnivel de 11,5 metros, que, para hacernos una idea, equivale casi a un edificio de cinco plantas.

En cambio, la anchura del arco no es muy grande. Tiene 12 metros de luz, un poco menos que el arco central del puente de Segovia, con 12,8 metros.

Pero tal vez lo que más llama la atención es el tablero. No tanto por sus dimensiones (45 metros de largo y 4,7 de ancho), como por su disposición, ya que se inclina de un extremo a otro, posibilitando un pronunciado cambio de rasante.

Formado por un único arco de medio punto y situado a una altura de 11,5 metros, sus dimensiones son; 45 metros de largo por 4,7 metros de ancho, siendo lo más característico el estar inclinados sus extremos para poder salvar un cambio de altura del terreno.

En septiembre de 2012 se restauró con ayuda del Ejército de Tierra que facilitó un helicóptero para introducir la excavadora y extraer 60 sacas de arena acumulada en su superficie.

Es uno de los mejores miradores, desde su tablero (o, mejor aún, desde el cercano Cerro de la Marmota), se divisan unas espectaculares vistas de todo el Monte de El Pardo, con la ciudad de Madrid como inmejorable telón de fondo.

Tras un breve descanso junto a las embocaduras del puente, que conserva restos de un camino enlosado, iniciamos el regreso, que por consejo de Gabino, lo hicimos por la loma opuesta a la seguida en la bajada, la de la derecha del cauce del río.

Por una bonita y zigzagueante senda que proporciona buenas vistas del puente desde este otro lado del río, ascendimos hasta dar con una amplia pista.

Es lo que queda de los ambiciosos proyectos que en el año 1931, siendo Ministro de Obras Públicas Don Indalecio Prieto (durante la Segunda República) se acometieron con una doble finalidad: acercar la naturaleza a los madrileños y unir distintos enclaves de la sierra de Guadarrama. En el año 1936, el inicio de la Guerra Civil Española supuso la paralización definitiva de las obras, habiendo sido concluida únicamente la vía que unía Miraflores - Rascafría.

Este tramo por el seguimos, pretendía unir Madrid, atravesando el Monte del Pardo, con la Sierra de Guadarrama, enlazando con Navacerrada y de allí a Cercedilla y la Fuenfría.

Por la amplia calzada continuamos, en dirección norte, con paso ligero dadas las facilidades del camino. Solo una casa en ruinas, a nuestra derecha, distrajo un momento nuestra atención. Más adelante los dos grupos que de nuevo formamos nos reunimos un instante para hacernos las foto de grupo al amparo de la única encina de la malograda carretera.

Un poco más adelante, el camino desaparece, engullido por una finca cerrada que se ha adueñado de él, pero que deja ver parte se su infraestructura de cunetas y arcadas.

Para continuar, tenemos que bordear la finca, cruzando el arroyo de Navalsal por la derecha del muro de piedra que la delimita. Unos caballos en su interior se nos acercaron al vernos, uno de ellos blanco, era precioso.

La estrecha senda pasa luego a ser camino, que entre altos muros de piedra que delimitan parcelas ganaderas, se va dirigiendo, en dirección noroeste hacia la carretera de Hoyo de Manzanares (M-618).

La cruzamos para descender por el Cordel de Hoyo de Manzanares hasta dar con el puente del Grajal, tras un nuevo cruce de la carretera.

Atravesando el histórico puente y remontando el repecho que hay frente a él volvimos al lugar de partida, donde nos esperaban los coches. Como íbamos bien de tiempo, algunos decidimos comer en Hoyo de Manzanares a la que volvíamos.

En la terraza del bar Chaqueta dimos cuenta de un buen menú que subió aún más, si cabe, la nota de esta magnífica ruta, plagada de estupendas vistas y cargada de historia, por lo que 5 estrellas es lo que le otorgo.
Paco Nieto

P. D.: En algún momento entre diciembre de 2024 y junio de 2025 ha terminado de derrumbarse la mina de arriba. Ya no se puede entrar, aunque se quiera, porque ya no hay mina.

FOTOS

martes, 24 de enero de 2017

Excursión X074: Puente de la Marmota

FICHA TÉCNICA
Inicio: Puente del Grajal
Final: 
Puente del Grajal
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia:  15,5 Km
Desnivel [+]: 555 m
Desnivel [--]: 555 m
Tipo: Circular
Dificultad: Media
Pozas y agua: No/Sí
Ciclable: En parte
Valoración: 4
Participantes: 4

MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta






















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta














TRACK

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH
 
RESUMEN
Nos damos cita cuatro componentes del grupo para realizar una ruta por el Canal de Isabel II y el río Manzanares, desde la carretera M-618, km: 6,85, en el cruce de ésta con el río, hasta el puente de la Marmota. 

La elección de esta ruta ha sido para que Fernando, que procede de Burgos, conozca la carretera entre Hoyo de Manzanares y Colmenar Viejo, sobre todo las curvitas en el cruce con el río Manzanares.

José Luis condujo el coche con prudencia, para llegar al pequeño aparcamiento, situado entre la carretera y la Presa del Grajal. Estamos a 770m, y comienza la sesión de fotos con el Puente del Grajal como fondo.


Sin fecha determinada aunque alrededor del siglo X, esté puente está construido en piedra de granito, encajada en la estructura mediante mampostería, excepto en las dovelas, que están formadas por sillares regulares. Con un solo arco de medio punto, de sillería con tímpano y pretil, solucionados por sillares y sillarejo y cimentado directamente sobre la roca. Tiene una luz de 10 metros y el ancho de su tablero es de 3,34 metros.

Aunque se cree de origen romano, por haber pertenecido probablemente a una vía transversal al paso del Itinerario de Antonino, que atraviesa el Puerto de la Fuenfría, uniendo Galapagar con Colmenar Viejo. 
El puente se remodeló durante el siglo XVIII, y alteró en parte su aspecto.

Entre los siglos IX al XI en época andalusí, formó parte del camino militar que unía Talamanca del Jarama con el Valle del Tiétar, enlazando las atalayas y ciudadelas fronterizas que componían la parte del sistema defensivo cordobés conocido como Marca Media, para frenar las incursiones de los cristianos del norte.

Continuamos, cruzamos la carretera que soporta el Puente Nuevo del Grajal, construido en 1895, y descendemos al camino bajo el que corre el agua proveniente de la Presa del Grajal, que a su vez se alimenta del embalse de Santillana, que fue construido
 a iniciativa de Joaquín de Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana y duque del Infantado, para regular el caudal y alimentar tres saltos de agua que generarían electricidad, además de llevar agua potable a la zona Noroeste de Madrid. Se inauguró en 1908, situándose el primer salto en la propia presa, el segundo junto al arroyo de Navallar (único en servicio) y el tercero en el Cerro de la Marmota.

En 1971, ya siendo propiedad del Canal de Isabel II, y como principal utilidad el abastecimiento de agua, se construye una nueva presa de 40 metros de altura (5 más que la anterior), permitiendo duplicar la capacidad del embalse original (de 47 a 91,2 Hms cúbicos).
 Aunque sumergido el primer dique, quedó a la vista la preciosa torre que lo remataba. 

Este tramo es un placer andarlo, viendo el barranco por el que discurre el río Manzanares, donde se ubicaban molinos y batanes que datan del siglo XVII, de los que quedan algunos restos. Mientras caminábamos surgió la conversación de cómo o cuándo se formó esta ortografía que ahora vemos, pues para saberlo nada mejor que visitar este enlace.

Cuando el canal se pierde en un
túnel (1,42km), seguimos a nuestra derecha por una autentica senda montañera, que rodea el montículo y trazando una gran ese, vuelve a pasar junto a la canalización (1,81km), para alejarse definitivamente bajando hasta el arroyo de Navarrosillos (0,47h – 2,38km).

Cruzamos el arroyo sin mayor dificultad y subimos hasta la loma, viendo el bonito meandro que dibuja el río en su tranquilo descenso. Deambulando por el cerro, nos despistamos y dejamos pasar un primer desvío (4,84km) y un segundo más (4,93km) que tenia previsto para bajar junto al río y ver las ruinas de algo sin identificar.

Pero el error nos
sirvió para ver dos hermosos ciervos, que en la distancia nos vigilaban. Los dejamos en paz y enmendamos el descuido girando a derecha, descendiendo hasta el arroyo de Cerro Negro (1,53h – 5,32km), que acompañamos unos metros en su discurrir hacia el cercano río Manzanares. Cruzamos el arroyo y remontamos otra loma, para entroncar (5,75km) con la senda que no deberíamos haber dejado anteriormente. Manteniendo la cota salimos al camino (6,25km) que viene de Colmenar Viejo, seguimos a derecha y logramos tener a mano nuestro objetivo, el Puente de la Marmota (2,06h – 6,25km – 638m), punto más bajo de la ruta.

¿Y por qué este nombre? es la pregunta que todos nos hacemos al contemplarlo, pues parecer ser debido a la degeneración fonética del término «mamotar», nombre de uno de los cerros cercanos al viaducto por su forma de mama femenina, esta montaña aparece con el nombre Cabeza de Mamotar en documentos y textos medievales.


El Puente de la Marmota fue realizado entre 1756 y 1758 por orden de Fernando VI (1713-1759). Artífice de diferentes obras de mejora de acceso al Monte del Pardo como; Puerta del Hierro o el Puente de San Fernando. En este caso, se construyó para dar continuidad a la valla de El Pardo, situada en la garganta del río Manzanares.

Formado por un único arco de medio punto y situado a una altura de 11,5 metros, sus dimensiones son; 45 metros de largo por 4,7 metros de ancho, siendo lo más característico el estar inclinados sus extremos para poder salvar un cambio de altura del terreno. En Septiembre de 2012 se restauro con ayuda del Ejército de Tierra que facilitó un helicóptero para introducir la excavadora y extraer 60 sacas de arena acumulada en su superficie. Viendo el Embalse del Pardo, algunas veces en su ribera hay; jabalíes, ciervos y hasta nutrias.


Nueva sesión de fotos, principalmente entre los profesionales; Paco y Fernando, a los que doy las gracias por sus buenas instantáneas. Tras los posados, desandamos unos metros el camino, tomamos una trocha a derecha, y salimos a la VP Cordel de Valdeloshielos. Mi idea era subir al Cerro de las Mesas, lugar muy frecuentado por avistadores de aves y de aquí salir al camino, pero Paco me da una alegría dirigiéndose hacia el Alto de la Marmota, lugar que él ya ha pisado y que yo tenía ganas de conocer por sus extraordinarias vistas.


Continuamos nuestro camino por la Vía Pecuaria y en la pronunciada curva a derecha, la dejamos para escalar la abrupta pendiente, cruzamos el canal junto al depósito que volcaba las aguas a la Central Eléctrica de la Marmota, bastantes años atrás, 
hoy día en desuso y lamentablemente medio en ruinas, y alcanzamos la cima y máxima altura de la ruta (7,53km – 791m), nos damos una tregua que aprovechamos para zamparnos los bocatas con unas estupendas vistas como fondo.

Una última panorámica desde esta atalaya al embalse del Pardo y Madrid (que apenas se vislumbraba por la contaminación), bajamos hacia el norte, hasta el vacío canal, que nos sirve de guía para volver al camino de Colmenar, que aquí es asimismo VP Cordel de la Marmota (8,2km). Ahora quedaba por andar la parte mas “fea” y al mismo tiempo la más descansada, por la que ganando altura llegamos a una bifurcación (9,60km) y un kilómetro después (10,60km), estábamos a la misma altura del Cerro de la Marmota.


Giramos a la izquierda por un camino entre muros, saltamos el de la derecha y cruzando las dehesas para abordar otro camino (restaurado recientemente), lo seguimos a izquierda con la vista del sifón del canal a fondo.

Les hago abandonar el plácido paseo para saltar una alambradita, y durante los minutos necesarios para hacerlo, denoto indicios en el grupo de rebelión. Les convenzo al indicarles el motivo, encontrar un enebro en maceta de piedra, cosa que conseguimos cuando ya había perdido las esperanzas, cerca del punto en que se inicia el sifón, valió la pena el desvío, las fotos lo atestiguan.

Y ahora a cruzar otra vez el arroyo de Navarrosillos (4,30h – 12,2km), en el que depositaba todas mis esperanzas para reconciliarme con la panda, pues lo recordaba muy bello y de poca dificultad su vadeo, todo lo contrario de la realidad (hay que tener en cuenta la estación).

Aquí ya me lanzan puñales con la mirada, en fin manos a la obra, arrimo unas piedras y paso, no desertan porque no les queda otra opción. Desde el otro lado Paco aporta su granito de arena, bueno en este caso su peñasco para facilitar su cruce.

Remontamos hasta el sifón, fotos y a proseguir que se hace tarde, aceleramos el paso llaneando por encima de la canalización, exceptuando dos pequeñas subidas con su correspondientes bajadas, que nos hacen regresar al punto donde nos separamos esta mañana.

Desandamos el sereno y llano camino por el que discurre la conducción del canal y concluimos la ruta llegando de nuevo al puente del Grajal, donde habíamos dejado el coche.

Por todo ello, esta excursión bien se merece 4 estrellas.
Cristóbal López