Inicio: Ermita de San Blas
Final: Ermita de San Blas
Tiempo: 3 a 4 horas
Distancia: 12,5 Km
Desnivel [+]: 284 m
Desnivel [--]: 284 m
Tipo: Circular
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: Sí/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 4
Participantes: 8
MAPAS
* Mapas de localización y 3D de la ruta
* Mapas de localización y 3D de la ruta
PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta
TRACK
RESUMEN
Queríamos hacer una ruta cómoda y sin complicaciones y, como hacia tiempo que no visitaba el Hueco de San Blas, me esta ruta me pareció una buena opción.
Nos reunimos en un ensanche de la pista, junto al abrevadero que hay próximo a la Ermita de San Blas, al que se llega por una pista de tierra, en buen estado, que sale a la izquierda, a la altura del km 3, nada más pasar la gasolinera de Repsol en la carretera M-611, que enlaza Soto del Real con Miraflores de la Sierra, pasando después junto a la Hacienda Jacaranda, dedicada a eventos.
Desde el pequeño aparcamiento, nos acercamos a ver la Ermita Humilladero de San Blas, erigida en un promontorio rocoso, en el término municipal de Miraflores de la Sierra. Construida en piedra con tejado de madera rematado con una cruz, en su interior, protegida por una reja y cristal, se encuentra una imagen del San Blas, patrono de Miraflores. A su lado hay un estupendo mirador, desde el que podemos contemplar unas vistas magnificas del Hueco de San Blas.
Consagrada el 13 de septiembre de 1641, se encuentra situada en un lugar en el que, según cuenta una leyenda, existía un poblado en el que un día cayó una salamanquesa en una olla, y todos los habitantes murieron envenenados y nadie quiso vivir allí jamás.
En la actualidad esta ermita cobra importancia el día 3 de febrero, festividad de San Blas, este día los vecinos de Miraflores de la Sierra se trasladan allí en romería. Se rememora la expulsión de las tropas napoleónicas de Miraflores de la Sierra allá por 1812.
Cuenta la leyenda que las fuerzas francesas acantonados en Colmenar Viejo asaltaron y saquearon el pueblo, finalizado el ataque hicieron noche en donde hoy se levanta la ermita. Los mirafloreños, ayudados por los guerrilleros que se escondían por los bosques aledaños, lanzaron un ataque nocturno en el que ataviados con cencerros a la espalda, simularon una estampida de ganado, haciendo huir a los franceses y recuperando el dinero y las joyas sustraídas.
En la romería, los pastores, con sus llamativos trajes, son los protagonistas, recordando la valentía de sus antepasados. Es tradicional comer patatas con bacalao y a la vuelta al pueblo se continúa la fiesta con suelta de vaquillas y baile en la Plaza de España.
Tras hacernos la foto de grupo, regresamos unos metros y continuamos por la Calle del Cormorán, pista de tierra que enseguida cruza el arroyo de San Blas. Continuamos por Los Eriales, una zona con pequeñas fincas y casas.
Superadas estas últimas, seguimos ascendiendo, por la izquierda un sendero, que enseguida cruzar por una pequeña losa de piedra el arroyo de los Eriales o de la Hoyuela, continuando por otra pista de tierra llamada Camino de la Peña del Madroño.
El amplio camino, en leve pendiente, está rodeado de matorral y robles, que se van haciendo más presentes cuanto más avanzamos.
Superamos una barrera y nos introducimos en un pinar con excelentes vistas del embalse de los Palancares y cumbres de Cuerda Larga y La Pedriza.
A cuenta de éstas últimas, asistimos a un apasionado debate entre Juan y Carlos acerca de la ubicación de uno de los riscos, El Nevazo. Hubo que echar mano de un detallado mapa para aclarar el asunto.
Nos desviamos unos pasos a la derecha para fotografiar lo que ya va siendo las ruinas de la antigua Casa Forestal, sin tejado, sus muros de piedra han quedado desprotegidos.
Al parecer hace tiempo que se ha desmantelado el retén que estaba en esta zona.
Cruzamos un pequeño arroyo y a continuación el arroyo del Mediano Chico, más evidente, pero también seco, como el anterior.
Poco antes de alcanzar el hito de la Puerta del Hueco de San Blas, algunos nos desviamos a la izquierda para subir al pequeño Cerro del Hueco de San Blas, que con sus 1329 metros, sería la cota más alta de la ruta. Tiene unas excelentes vistas de toda la zona.
Descendimos hacia el hito, donde nos hacemos las inevitables fotos de nuestro paso por allí, e iniciamos el descenso, por la pista de la izquierda, hacia el arroyo del Mediano.
Este tramo estaba plagado de orugas procesionarias, que en largas hileras buscaban un lugar idóneo donde enterrarse.
Junto a unas rocas, paramos a tomar el tentempié de media mañana a la sombra y el rumor del agua del arroyo Mediano, un bello rincón que costó trabajo abandonar porque se estaba como en el paraíso.
Esta zona, por no ofrecer dificultad y tener buenas pistas, es frecuentada por ciclistas, como pudimos comprobar a lo larga de la mañana.
Tras el descanso, proseguimos por la senda de la Abutarda, una vez superado el arroyo de la Herrada, que viene de las proximidades del risco del mismo nombre.
Entre pinos, la pista va perdiendo altura por la ladera, mientras vamos desechando los míticos senderos que suben a La Pedriza, por los que más de una vez hemos transitado,
Superamos otra barrera, que impide el paso de vehículos, y alcanzamos el Aparcamiento Arroyo del Mediano, otro lugar habitual donde dejar los coches para adentrarse en el Hueco de San Blas, pero que deseché porque la última parte de la pista que accede aquí desde Soto, recordaba que estaba muy mal, lo que pudimos comprobar cruzando el Puente las Pozas, que salva el arroyo Mediano, poco después de unas bonitas pozas que forma sus aguas, de ahí el nombre.
A unos 200 metros del puente, la rasgada pista tiene un ensanche donde se pueden dejar los coches. A partir de ese punto, para nuestra sorpresa, han acondicionado la pista y está muy bien, ya podían haber llegado hasta el aparcamiento principal.
Cruzamos el arroyo Mediano Chico a la altura de una finca y comenzamos a bordear el embalse de los Palancares.
En el extremo donde está el muro de la presa, dejamos la pista para seguir una vereda que sale a la izquierda y que, en leve ascenso, al poco cruza el arroyo del Escaramujal.
La vereda es paralela a una pista que se dirige a la hacienda de Los Colladillos, vinculada al Opus Dei.
La vereda y la pista están separadas por una alambrada, pero a las puertas de la hacienda hay un portón que permite el paso a la vereda de haber seguido por la pista, como le ocurrió a parte del grupo.
El sendero pasa junto a un canchal y cruza el arroyo de los Eriales y enseguida el de San Blas, entrando en la pista que lleva al abrevadero, junto al que habíamos dejado los coches, debajo del alto donde se ubica la Ermita de San Blas.
Un estupendo y cuidado menú en el restaurante La Najarra de Soto del Real puso el broche de oro a esta excursión que califico con 4 estrellas.
Paco Nieto
FOTOS




















