jueves, 19 de septiembre de 2024

Excursión X488: Camino Francés. Etapa 14. Hornillos del Camino - Castrojeriz

FICHA
 TÉCNICA
Inicio: Hornillos del Camino
Final: Castrojeriz
Tiempo: 5 a 6 horas
Distancia: 19,5 Km
Desnivel [+]: 186 m
Desnivel [--]: 209 m
Tipo: Sólo ida
Dificultad: Baja
Pozas/Agua: No/Sí
Ciclable: Sí
Valoración: 5
Participantes: 6

MAPAS 
* Mapas de localización y 3D de la ruta



















PERFIL
* Perfil, alturas y distancias de la ruta













TRACK
Track de la ruta (archivo gpx)

PANORÁMICA 3D GOOGLE EARTH

RUTA EN RELIVE
Ver esta ruta en Relive

RESUMEN
Para nuestra segunda etapa de esta escapada, nos levantamos sobre las 8h para salir hacia Hornillos del Camino desde Tardajos, donde habíamos pasado la noche. Otro coche lo habíamos dejado el día anterior en Castrojeriz, final de esta etapa.

Durante el trayecto contemplamos un bonito amanecer de cielos dorados entre nubes.

En cuanto nos pusimos las botas y echamos las mochilas a las espaldas comenzamos la aventura en este típico pueblo del Camino, con sus casas alineadas en torno a la calle Real, algo abandonadas, en contraste con la grandeza que se advierte en su iglesia, único vestigio de glorias pasadas. Antes pasamos junto a la casa donde se fundó Hospitalarios Voluntarios, en el año 1990, dedicados a labores de acogida y atención a los peregrinos.

En la iglesia de San Román se conjuga el arte románico inicial con bóvedas góticas muy adornadas. Se destaca la imagen de San Román y la de la Virgen de Rocamador, de influencia francesa porque hubo un monasterio del vecino país. Como curiosidad, la iglesia tenía el privilegio de conceder 40 días de indulgencia a los peregrinos que la visitaban.

Junto a la Iglesia de San Román hay un monolito coronado por un gallo blanco, símbolo del pueblo con mucha historia, porque según se cuenta, al terminar la Guerra de la Independencia y una vez derrotados los ejércitos de Napoleón, llegó a Hornillos un grupo de franceses que deambulaban por estas tierras camino de Francia. Hambrientos y sin comida, los franceses enviaron una avanzadilla al pueblo con la misión de encontrar comida.

Quiso el destino que en ese momento los vecinos de hornillos se encontraran en la misa, momento que los franceses aprovecharon para recorrer los corrales y sustraer todas las gallinas, gallos y pollos que encontraron.

Para no ser descubiertos escondieron todos los animales muertos en sus tambores, reuniéndose en la Plaza de la Fuente junto a la iglesia.

Cuando los vecinos de Hornillos salieron de misa se dieron cuenta del robo y todos juntos se dirigieron hacia allí para registrar a los franceses, principales sospechosos.

Estos negaron una y otra vez tener algo que ver con esa desaparición, hasta que las mujeres comenzaron a rezar y a pedir ayuda a San Antón, y entonces se produjo el milagro cuando uno de los gallos muertos comenzó a cantar desde el interior del tambor, descubriendo así la mala acción de los franceses.

Nos alejamos de Hornillos por un camino de tierra, que en 3 Km asciende más de 100 metros hasta alcanzar un nuevo páramo, rodeados de campos de cereales por todas partes. Un de hito de piedras marca el final de la subida. Por la inmensidad del páramo, esquivando los charcos de la lluvia de la noche anterior, recorrimos un kilómetro de llanura, tras el cual descendimos por la vertiente opuesta.

Una cruz de Santiago marca el inicio del descenso hacia el arroyo de San Bol, que a su paso forma un minúsculo valle. Un cartel indica que a la izquierda queda el Albergue de San Bol, al que no nos acercamos.

Continuamos de frente, en suave ascenso hasta llegar a lo alto de otra meseta, ésta de 3,8 Km de ancha.

Pasamos junto a una gran cruz encima de un montículo de piedras. A los pies de ella había rosas, rosarios y una placa dorada en la que se podía leer "cada despedida es el nacimiento de un nuevo recuerdo". 

Cruzamos la carretera BU-P-4041, que une las localidades de Iglesias y Olmillos de Sasamón, y avanzamos rectos hasta el otro extremo de la llanura.

Esquivando los charcos del camino, que por aquí eran numerosos, pasamos junto al desvío al Albergue de Sidres, que a nuestra derecha, parecía una casa rural en mitad de la nada de la meseta.

Otra cruz de Santiago anuncia el fin de la planicie y el inicio del fuerte pero rápido descenso a Hontanas, que de repente aparece ya bajo nuestros pies.

Dejamos el camino de tierra y, a la derecha, segui
mos un sendero que conduce a la Ermita de Santa Brígida, curioso oratorio donde se encuentra una imagen de la Santa, la única a la que se venera en Suecia después de la instauración del protestantismo.

Es un bonito lugar para hacer una pequeña parada y descansar a la sombra.

Paramos a tomar café en la terraza del Albergue Santa Brígida, situado a la entrada del pueblo. Hemos recorrido 10,8 Km y nos viene muy el descanso. Hasta nuestra meta nos quedan 8,7 Km.

Hontanas es villa de numerosas fuentes (de ahí la etimología de su nombre, "fontanas"), pueblo con encanto y paisaje romántico.

La calle Real nos lleva hasta la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, conocida en otros tiempos por la de Santa María. Junto al ábside se encuentra la vistosa fuente de la Estrella, de piedra tallada con un original cerco de piedra y un copete de medio punto, con una estrella de seis puntas en relieve. En el frontal dos caños simétricos compiten al unísono surtiendo de abundante agua fresca al peregrino.

La iglesia fue construida en el siglo XIV en estilo gótico, aunque luego fue remodelada en estilo neoclásico, de su estructura destaca la gran torre, de tres tramos, de esta última época coronada por una cúpula de media naranja.

Cobija un excelente retablo barroco obra del montañés Fernando de la Peña

En su interior se conserva una magnífica cruz procesional de cobre con esmaltes y figuras propias del siglo XIII, su estilo hace pensar que se trata de fabricación española, de estilo románico tardío.

A la entrada tiene un espacio de oración y recogimiento con biblias en varios idiomas que llaman la atención. También sorprende la especie de museo que alberga la torre, con esculturas en hierro muy originales.

El templo se construyó pegado al palacio del obispo, que era el antiguo señor de la villa, del que se conserva un arco gótico.

Pasamos junto al Hospital de San Juan, levantado en los siglos XIII o XIV, es conocido como Mesón de los Franceses, hoy rehabilitado como albergue, conserva en su interior un arco apuntado que formaba parte de la fachada del antiguo hospital.

Salimos del pueblo junto a las piscinas municipales, cruzamos la carretera BU-P-4013, que une Castrojeriz con Castellanos de Castro y seguimos por una buena pista de tierra, que cruza el arroyo Garbanzuelo y gira a la izquierda para situarse paralelo a él.

Ascendemos un pequeño repecho hasta pasar junto a las ruinas de San Miguel, de la que solo queda una especie de torre, aunque en realidad es un contrafuerte.

Entre campos de cultivo, sobre todo de girasol, el sendero alcanza la carretera de Castrojeriz, por la que continuamos en lento descenso hasta alcanzar unas ruinas de mayor relevancia que la anterior, las del antiguo Convento de San Antón, que sin duda no olvida ningún peregrino, por lo menos a mi me impactó mucho.

San Antón
fue palacio y huerta del rey Pedro I de Castilla y posteriormente fue acogido por la Orden de los Antonianos, fundada en el año 1095 en Francia, se extendió por todo Europa, llegando a tener hasta 397 hospitales. Fue disuelta a finales del siglo XVIII y la Desamortización de Mendizábal, en el siglo XIX, lo llevó a su ruina definitiva.

Este monasterio estuvo bajo la protección real, da muestra de ello la existencia de escudos reales en el pórtico de la iglesia y en las claves de las bóvedas. Fue fundado por Alfonso VII en el año 1146 pero los restos que quedan de aquella impresionante construcción son del siglo XIV, entre sus ruinas, se ha habilitado un albergue para peregrinos, inaugurado en el 2002.

El Camino de Santiago pasa por debajo de los dos arcos del pórtico elevado, del siglo XVI, que protegía la entrada a la iglesia, ornamentada con una portada de arquivoltas, totalmente decoradas con esculturas en cada una de sus dovelas. Aún se pueden distinguir las dos alacenas que se practicaron en el pórtico para alimento de los peregrinos que llegaban a horas intempestivas. Aquí nos hicimos la foto de grupo.

En la iglesia, que era de tres naves, se practicaba la cura del llamado “mal de fuego o fuego de San Antón”, enfermedad de tipo gangrenoso que empezaba por las extremidades como si de una lepra se tratasemuy extendida en la Edad Media. Fue un poco la peste del continente Europeo durante los siglos X y XI, producida por comer cereales con cornezuelo, hongo desarrollado en el centeno.

El peligro de contagio hizo que la mayoría de dichos conventos hospital, se construyeran fuera de los núcleos urbanos.

Lo que más destaca del conjunto arquitectónico son los restos de la iglesia, de tres naves, con dos arcos apuntados y un muro con dos alacenas donde los frailes dejaban la comida, el pan y el vino, para los peregrinos que pasaban allí la noche. Su influjo parece aún hoy percibirse entre estas decadentes y sobrecogedoras ruinas.

Era tradición que los monjes antonianos bendijeran diversos objetos, a los peregrinos que a ellos acudían:
- La cruz llamada Tau o Thau, que fue usada por el fundador de la orden en memoria de la liberación de los primogénitos de los hebreos, los cuales tenían sus puertas marcadas con este símbolo. Esta Tau, según la tradición, libraba de pestilencias a todo el que la llevaba.
- El pan de San Antonio, que se daba a todos los peregrinos y era elaborado contra enfermedades y peligros de mar y tierra. Antes de cocer se signaba con la Tau y se bendecía en la fiesta de San Antonio.
- El vino santo, remedio del fuego. Se daban casos de curación de los lacerados por su contacto y aspersión.
- Campanillas del Santo y otros objetos.

Dejamos el viejo convento atrás y por un sombreado sendero, paralelo a la carretera, recorrimos los menos de 4 km que nos separaban de Castrojeriz, catalogado como uno de los Pueblos Más Bonitos de España desde el año 2023.

Fue un emotivo momento contemplar desde lejos las ruinas de su castillo de origen visigodo, el “Castrum Sigerici”, donde hubo un poblado en la edad del bronce, con una antigüedad de unos 1.500 años a.C.

A la entrada del pueblo, visiblemente señalizada, una pista de asfalto se aparta a la derecha, tras cruzar el arroyo de Villejos o de San Martín, junto a un crucero, para acercarse hasta la ex-colegiata de Nuestra Señora del Manzano. Cerca estaba la estupenda Casa Rural La Mora Catana, donde nos alojamos cómodamente. Tras dejar las maletas nos fuimos a comer el menú del peregrino en la terraza del bar El Jardín, en la misma calle, frente a la iglesia.

Tras la comida, descansamos un poco y después nos acercamos a visitar la ex-colegiata, mandada construir en 1214 por Dña. Berenguela la Grande, hija de Alfonso VIII de Castilla y madre de Fernando III el Santo y reina de Castilla.

Se encuentra al pie del cerro en el que se halla el castillo de Castrojeriz, y ostentó en el pasado el rango de colegiata.

Su atractiva portada principal es de estilo gótico, tiene tres naves con gran rosetón y vitrales. A ambos lados se encuentran colocadas dos esculturas de piedra del siglo XIII, y representan a la Virgen María y al arcángel San Gabriel, cubiertas con doseles y sustentadas por ménsulas. En el rosetón de la portada principal, que fue recientemente restaurado, aparece representado Dios en actitud de bendecir, y rodeado por los apóstoles.

En el borde del rosetón aparecen los símbolos de los cuatro evangelistas junto a cabezas de ángeles y el escudo del donante.

La portada de la fachada sur de la iglesia es de estilo renacentista. La base de la torre de la iglesia es de estilo románico, aunque en el siglo XVIII fue reformada, pues en el año 1746 se le añadió a la torre el cuerpo de campanas.

Contiene también, una talla de Nuestra Señora del Pópolo, del siglo XVI, un Santiago Peregrino, numerosos enterramientos, entre los que destaca el de Doña Leonor reina de Aragón, un retablo rococó en el Altar Mayor, y una Piedad, obra de Brunzino.

Todo esto nos lo estuvo mostrando la persona que desde hace años cuida y atiende las visitas.

Con todo, la parte más emotiva del interior es la capilla que recoge la talla policromada de piedra de Nuestra Señora del Manzano del siglo XIII, que da nombre a todo el conjunto. Esboza una sonrisa calmada, que la hace más cercana. Parece que esta imagen gustó singularmente a Alfonso X el Sabio, tanto que no dudó en componer algunas cantigas o cantos líricos escritos en gallego medieval en su honor.

Una de ellas, la 242, repite el estribillo que dice: "O que no coraçón d´ome è mui cruu de creer /pode-o Santa María mui de ligeiro fazer". (" Lo que en el corazón del hombre es muy difícil de creer /San María lo puede hacer muy fácilmente"). Arte y literatura se funden una vez más en esta magnífica estampa, a la vera del Camino de Santiago.

Alberga también un museo de objetos relacionados con el culto cristiano que visitamos y que es obligado pagar para que te sellen la credencial. Se pueden apreciar multitud de figuras de madera, alguna de ellas tallada en el siglo XIV. También se exponen, cuadros, libros, cálices, maquetas de iglesias y otros objetos. La visita está sobre todo enfocada a los peregrinos que realizan el Camino de Santiago y pasan por delante de sus puertas.

Una cena en la Casa Rural, después de un paseo por las calles del pueblo que tuvimos que acortar porque comenzó a chispear, puso fin a esta estupenda, jornada que califico con 5 estrellas.
Paco Nieto

FOTOS

ETAPAS DEL CAMINO FRANCÉS

No hay comentarios:

Publicar un comentario